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El Arte de tomar Decisiones

Desde el momento de nuestra concepción cuando apenas somos una célula, algo innato, inteligente dentro de nosotros comienza a tomar decisiones. Esa célula se multiplica y tiempo después nace un niño que aún sin la capacidad de hablar, ha hecho ya, de manera intuitiva,numerosas eleccines.

Si somos hijos deseados o no, si el sexo que traemos satisface a nuestros padres, si el ambiente en el hogar es tenso o armónico, y otros muchos factores, nos llevan a percibir si se nos ama, valora y considera, o si se nos ignora, subestima o rechaza. Se trata de una “comprensión emocional”, de tipo preverbal,(cuando todavía no tenemos lenguaje) que logramos, producto de un inteligencia fisiológica para la cual el organismo viene prediseñado.

Al estar en el mundo, de acuerdo a como somos tratados por quienes nos rodean, nuestra autoestima será positiva y se desarrollará, o se expresará desde un código de desvalorización, temor, tristeza y resentimiento, entre otros estados interiores. En ese contexto, nuestras decisiones estarán condicionadas por lo aprendido en los primeros años, de acuerdo con la programación mental que hemos recibido de padres, relacionados y seres queridos.

Es por eso que si queremos apuntar hacia un nivel de logros favorables y trascendentes, si deseamos rebasar nuestros límites actuales, se hace necesario revisar las decisiones que hemos tomado y que tomamos en el presente.

Las grandes decisiones, como: en qué trabajar o con quién vivir, así como las decisiones cotidianas en apariencia pawueñas, como: qué responder a ciertas preguntas, dónde desayunar o qué ropa vestir, nos colocan en posición de avanzar, mantenernos como estamos o retroceder.

Decidir es elegir entre las opciones que tenemos a mano. Siempre somos nosotros quienes decidimos, y no aceptar esta verdad, es una manera de ceder el control de nuestra vida a otros. En estte sentido, conviene recordar que nadie puede cambiar aquello que no controla.

En realidad, pese a que podríamos estar predestinados por el karma, por la genética o por la crianza, disponemos de recursos poderosísimos como la capacidad de observarnos, de darnos cuenta, de aprender, de elegir y de cambiar. Hay una cuota de libre albedrío que nos permite tomar o dejar, decir sí o no, a cada situación, propuesta o posibilidad.

Es cierto que estamos programados desde antes de nacer y que la infancia es un adocxtrinamiento sobre qué hacer y cómo hacerlo. Se nos dice lo que debemos ver, oír o decir, con quiénes estar y qué se espera de nosotros. Por eso, para crear una nueva realidad se requiere revisarse y cuestionar los aprendizajes que no aplican a la vida que estamos viviendo y a la que desearíamos vivir. Esto requiere decisiones , que deben tomarse de la manera más consciente posible, para evitar consecuencias negativas.

Si usted tiene objetivos claros, puede entonces pensar en las decisiones que le llevarán hasta ese destino. Pero como seguramente se encontrará con resistencias internas debido a los hábitos adquiridos durante años, será necesario trabajar en una nueva programación mental. Esto se logra hablándole a la mente con palabras, imágenes y emociones.

Si usted se visualiza, es decir, si se imagina durante suficiente tiempo como alguien valiente y confiado, su cerebro comenzará a producir una serie de sustancias químicas que lo harán sentirse de esa forma. Igualmente, si usted escribe con cierta intensidad emotiva unas cien veces al día, que le gusta hablar en público, (aunque en el presente esto no sea cierto), el efecto de la repetición y la intensidad emocional aplicada, permitirá que usted comience a creerlo, pues para su mente subconsciente se hará real, se hará una orden o una instrucción que ella debe cumplir. Esto no es suposición, es ciencia, es fisiología, y ha sido repetidamente probado.

De acuerdo con Shad Helmstetter, para crear el cambio, es necesario hablarle a nuestra mente con claridad para que entienda, con firmeza para que obedezca y con frecuencia para que recuerde. La mente se encargará del resto. Algunos llaman a este método “autoinstrucciones”.

Una buena decisión debe cumplir o aproximarse a varios requisitos: ser viable(posible), ser placentera(satisfactoria), ser conveniente(beneficiosa) y ser ecológica(no causa daños). a veces, sin embargo, nos toca optar por lo conviente, aunque el placer sea bajo, o por el contrario, optar por lo que nos complace, aunuqe en apariendcia se pierdan beneficios. Piense antes de decidir, y frente a cada situación, pregúntese: ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué me gustaría hacer? ¿Qué elijo hacer?¿Qué consecuencias puede traer esta decisión?

También es recomendable preguntarse si las decisiones que estamos tomando en este momento de la vida nos permiten alcanzar objetivos, si nos dejan tal y como estamos o si nos complican la vida y nos perjudican. Y si contradicen o no los valores por los cuales nos regimos a diairo.

Aunque tengamos la tendencia a culpar a los demás por las cosas que nos pasan, lo cierto es que como adultos, somos nosotros quienes decidimos qué hacer con nuestro tiempo, cómo nos comunicamos, qué metas perseguimos, si creemos en nostoros, si perseveraremos, qué imagen dar ante los demás, que tipo de riesgos tomamos, etc.

Para crear la vida que queremos, tenemos primero que gobernar nuestros hábitos, los cuales son producto de nuestras viejas decisiones. De manera que si cambian nuestras decisiones, cambiará nuestra vida.

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