Pastor discapacitado hace vibrar a República Dominicana

REPÚBLICA DOMINICANA.- Manuel Martínez Febles, con 42 años de edad, es un evangelista dominicano, oriundo de La Romana, que fue atacado de polio cuando apenas contaba los tres años y nueve meses de nacido, lo que le afectó  su capacidad de movimientos.
Febles es un ser humano extraordinario y de un valor espiritual incalculable que, a pesar de la enfermedad, salió del montón, para convertirse en uno de los evangelistas y animadores de iglesia más populares y contagioso con que cuenta la región Este de aquel país caribeño.
A pesar de ser un prisionero de sus piernas, dificultad que lo hace un ser diminuto, el industrioso hombre de fe moviliza multitudes, logrando la conversión de cientos de personas de Higüey, La Romana, El Seibo, San Pedro de Macorís, Miches, Sabana de la Mar, Santo Domingo y en pueblos del Cibao y el Sur, donde es requerido.
Sus prédicas, su fuerza de voluntad y seguridad al hablar, así como su pureza lexical hacen vibrar los templos donde se presenta por invitación a conferencias y animación de fe.
Para movilizarse de un extremo a otro utiliza como calzado de sus manos un par de piedras, que evitan hacer contacto directamente con el suelo.
En el momento en que predica pone a todo el mundo de pies. Cuando tiene un micrófono en las manos, llama la atención con sus gesticulaciones y movimientos.
Es hijo de la domestica Agustina Febles y el obrero Celso Martínez, y tiene como esposa a María Luisa, con quien procreó a la niña Yirandy de 6 años y al niño Manuel de tres años.
Reside en una humilde casita en el municipio de Villa Hermosa y narra que llegó al evangelio cuando contaba con 19 años de edad.
En su mocedad jugaba pelota en Villa Pereyra, actividad que abandonó porque los muchachos del barrio comenzaron a decirme “niño mono”, lo que lo irritaba y llegó a pelear por ese tipo de burla o mofa.
“La gente me daba monedas cuando chiquito, pero mis padres no aceptaban eso, porque pensaban que era que yo pedía el dinero, pero fueron entendiendo que lo hacían de generosidad por mi situación física”, contó.
Ingresos
Manuel Martínez mantiene a su esposa y su dos hijos de las colectas que hacen los hermanos cuando va a alguna conferencia, que siempre oscilan entre los dos y siete mil pesos, dependiendo la iglesia y el corazón bondadoso de sus miembros.
“Cuando voy a iglesia más grande y de personas más pudientes colecto menos que las pequeñas”, confesó el evangelista, que agregó que en las familias pobres hay más sensibilidad humana que en los ricos.
Manuel no cuenta con el Seguro Nacional de Salud (Senasa), bono luz, ni bono gas y sueña con tener una pensión, que le permita ahorrar y tener algo para dejarle a su familia “cuando me llame a su lado”.
La boda
Cuando Manuel le habló a María Luisa de boda, encontró un rechazo rotundo en la familia de la mujer y de personas que siempre opinan, que le decían “cómo te vas a casar con ese renco, cómo te va a mantener, tu no podrás tener hijos”.
“La gente juzga por apariencias, porque mire ahora, María Luisa es feliz, tiene dos hijos y dice amarme hasta la muerte”, cuenta con una sonrisa en los labios cuando habla de su esposa.
“Me dio mucha brega conseguir a María Luisa Miranda como esposa, porque la gente no creía en mí, más fácil creen en un 6/2, un hombre alto con seis pies y dos pulgadas de estatura, buenmozo, con una buena finanza, pero la gente no le cree a un inválido, sin recursos financieros y con una enfermedad”, agregó.
Ha recorrido todo el país y viajado a algunos países de Suramérica y el Caribe, pero carece de un vehículo para movilizarse.
Nunca ha querido utilizar silla de rueda, alegando que eso lo limita para trasladarse de un pueblo a otro.
Una pareja feliz
María Luisa confiesa ser una mujer completamente feliz de haberse casado con Manuel Martínez, “que a pesar de su discapacidad me ha dado todo, es cariñoso, buen hombre y excelente padre”.
Confesó que las limitaciones de Manuel le hacen más rica en la fe y que ha logrado que quienes no creían en su unión matrimonial con el diminuto hombre, “ahora sienten buena estima con él y su familia”.
Manuel y María Luisa tienen siete años de casados y a pesar de sus limitaciones económicas, han podido ser un ejemplo entre las familias de ambos, la comunidad de Villa Hermosa y la congregación religiosa a la que pertenecen.
“Hay quienes tienen sus dos piernas y no pueden correr, hay quienes a pesar de tener las posibilidades hoy solo tienen limitantes para emprender metas y lograr cosas”, expone con humildad Manuel.
Dejó como mensaje: “Es el tiempo de terminar con las limitaciones, con el pecado, de acercarse a Dios, porque los días son malos y peligrosos, habiendo caminos que le parecen bien al hombre, pero son caminos de muerte”.

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