LA VERDAD SOBRE EL ESEQUIBO DE VENEZUELA

Por Rubén Darío Bolívar /

Antecedentes

Para conocer sobre la controversia por la Guayana Esequiba venezolana, usurpada por el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, debemos remontarnos a la época en que España y Países Bajos rivalizaban por el predominio en la región noreste de Suramérica, y mediante el “Tratado de Münster” de 1648 repartieron sus posesiones, quedando el imperio español con el territorio donde eventualmente se establecería la “Capitanía General de Venezuela”, y  el otro con las colonias Esequibo, Demerara y Berbice ubicadas al este del río Esequibo, que sería la frontera. Posteriormente las cedería al Reino Unido mediante la “Convención entre S.M. Británica y las Provincias Unidas de los Países Bajos relativa a sus colonias”, del 13 de agosto de 1814. Obtenida la independencia de España, Venezuela adoptó el principio “Uti Possidetis Juris”, por el cual asumía el control de los mismos territorios ocupados durante la etapa colonial. 

Ahora bien, desde ese año 1814 se empezó a presentar la invasión por parte de colonos británicos de los territorios al oeste del río Esequibo, límite de ambos imperios, con la anuencia de su corona, lo que generó, entre otras, la protesta formal en 1822 de Simón Bolívar, Presidente de la Gran Colombia, de la cual formaba parte Venezuela para la época. Reino Unido siguió su avance y designó al explorador prusiano Robert Schomburgk para el trazado de las líneas geográficas limítrofes, quien realizó un mapa en 1835 cercano a los territorios originales de cada parte, aunque después amplió su alcance en 1839. Estas “líneas” nunca fueron aceptadas por Venezuela y llevaron en 1850 a ambos países a un acuerdo diplomático de no agresión y respeto a los territorios de ésta, que aparecían en disputa ante la voracidad colonial, y ante su incumplimiento, declaró la ruptura de relaciones diplomáticas en 1877. Estados Unidos de América intervino según la “Doctrina Monroe” y acordó con el Reino la solución de la controversia mediante las pautas del “Tratado Arbitral de Washington de 1897”, sin intervención de Venezuela, que contenía condiciones que se ajustaban a la medida de la estrategia del Reino Unido en la disputa.https://googleads.g.doubleclick.net/pagead/ads?client=ca-pub-2634444392952916&output=html&h=280&adk=1650830318&adf=3963297597&pi=t.aa~a.1597680920~i.11~rp.4&w=770&fwrn=4&fwrnh=100&lmt=1671725187&num_ads=1&rafmt=1&armr=3&sem=mc&pwprc=9177465361&ad_type=text_image&format=770×280&url=https%3A%2F%2Fwww.elglobonews.com%2Fla-verdad-sobre-el-esequibo-de-venezuela%2Freportaje%2Fmd%2F&fwr=0&pra=3&rh=193&rw=770&rpe=1&resp_fmts=3&wgl=1&fa=27&adsid=ChEIgJ2QnQYQg5TRyPHy2ZuXARI5AHLzIMYbgXvHbyxF4SSOQHr9y7vel3Op9mfpi7UrZcma36Tf0sxi30njCYIjnCAPEdTWO617xdEi&uach=WyJXaW5kb3dzIiwiMTAuMC4wIiwieDg2IiwiIiwiMTA4LjAuNTM1OS4xMjUiLFtdLGZhbHNlLG51bGwsIjY0IixbWyJOb3Q_QV9CcmFuZCIsIjguMC4wLjAiXSxbIkNocm9taXVtIiwiMTA4LjAuNTM1OS4xMjUiXSxbIkdvb2dsZSBDaHJvbWUiLCIxMDguMC41MzU5LjEyNSJdXSxmYWxzZV0.&dt=1671725187139&bpp=3&bdt=5006&idt=3&shv=r20221207&mjsv=m202212080101&ptt=9&saldr=aa&abxe=1&cookie=ID%3D9608fe7c4a96c0a5-22d78a7fff7b006d%3AT%3D1649872810%3ART%3D1649872810%3AS%3DALNI_MajEa8j7CstqbTCkZ1fnWOp1mc-MQ&gpic=UID%3D0000045dceb16656%3AT%3D1650978449%3ART%3D1671707481%3AS%3DALNI_MYFCFVeHQ2gnUCrzp938BxfPO41KA&prev_fmts=0x0%2C1140x280&nras=3&correlator=311333365902&frm=20&pv=1&ga_vid=1924848496.1649872810&ga_sid=1671725187&ga_hid=1200925350&ga_fc=1&u_tz=-240&u_his=1&u_h=768&u_w=1366&u_ah=728&u_aw=1366&u_cd=24&u_sd=1.1&dmc=4&adx=58&ady=2110&biw=1226&bih=597&scr_x=0&scr_y=0&eid=44759876%2C44759927%2C44759842%2C44777877%2C44767167%2C31071277%2C44779793%2C44778769%2C44780792&oid=2&pvsid=2847309917741932&tmod=1285047235&uas=0&nvt=1&eae=0&fc=1408&brdim=0%2C0%2C0%2C0%2C1366%2C0%2C1366%2C728%2C1242%2C597&vis=1&rsz=%7C%7Cs%7C&abl=NS&fu=128&bc=31&ifi=3&uci=a!3&btvi=1&fsb=1&xpc=cLS08G40HG&p=https%3A//www.elglobonews.com&dtd=12

El tribunal conformado por dos árbitros británicos, dos norteamericanos y uno ruso, dictó el 3 de octubre de 1.899 el “Laudo Arbitral de París”, delimitando la frontera y concediendo ilegítimamente al imperio una extensión de 159.542 Km2 en detrimento de Venezuela. Esta sentencia desde un principio fue denunciada como írrita y nula por la confabulación política y abuso de poder que con los años se fue develando públicamente, como la utilización de mapas falsificados, contubernio de los árbitros, entre otras irregularidades, llegando el caso a la Asamblea General de las Naciones Unidas, que ordenó su revisión en 1.962. Ante la inminente independencia de la Guayana Británica, el 17 de febrero de 1.966 se celebró el “Acuerdo para resolver la controversia entre Venezuela y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte sobre la frontera entre Venezuela y Guayana Británica”, (Guyana se incorporaría posteriormente con plenitud de derechos), en la búsqueda de una solución satisfactoria para el arreglo práctico de la controversia. Se estableció una “Comisión Mixta” y en los años sucesivos se migró a la figura del “Buen Oficiante” como el mecanismo para la solución pacífica, práctica, negociada y satisfactoria para las partes, siendo designados en ese rol, Alister McIntyre (1990-1999), Oliver Jackman (1999-2007) y Norman Girvan (2010 – 2014, que murió en funciones), sin lograr acuerdos.  

Del juicio en la Corte Internacional de Justicia

El 12 de noviembre de 2015, el Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon, mediante el documento titulado “El camino a seguir”, informó a las Partes el inicio de un proceso para obtener una decisión final y vinculante de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), y el 16 de diciembre de 2016, decidió continuar el proceso de buenos oficios por un año más. Transcurrido este plazo, el 30 de enero de 2017, Antonio Guterres, nuevo Secretario General, anunció a la CIJ como el medio a utilizar la solución.

El 29 de marzo de 2018, Guyana presentó demanda ante la CIJ para que declare la validez del Laudo Arbitral de 1899, y no obstante que Venezuela no reconoce a la CIJ ni ha autorizado el arreglo judicial como medio de solución de esta disputa, como lo establece el Estatuto del organismo, el 18 de diciembre de 2020 éste decidió: “… que es competente para conocer de las pretensiones de Guyana relativas a la validez de la sentencia de 1899 sobre la frontera entre la Guayana Británica y Venezuela, así como de la cuestión conexa de la solución definitiva del diferendo relativo a la frontera terrestre entre la República Cooperativa de Guyana y la República Bolivariana de Venezuela; y que no es competente para conocer de las pretensiones fundadas en hechos acaecidos con posterioridad a la firma del Acuerdo de Ginebra, fijando el 8 de marzo de 2022 para la “Memoria” de Guyana, y el 8 de marzo de 2023 para la “Contramemoria” de Venezuela, lo que ha quedado en suspenso ante las “Objeciones Preliminares” que nuestro país interpuso y están en trámite.

Hasta que apareció el petróleo

Venezuela siempre mantuvo relaciones cordiales con Guyana, tanto en las discusiones limítrofes en el marco del Acuerdo de Ginebra, como desde el punto de vista diplomático, social, político, comercial, etc. De hecho las últimas décadas ese país fue beneficiario de las políticas de buen vecino que implementó Venezuela, y especialmente del programa Petrocaribe de suministro de petróleo y derivados a precios y condiciones preferenciales. Sin embargo, a partir del año 2015, Guyana tuvo un cambio radical de actitud, que coincidió con el inicio de un enorme plan de concesiones a empresas petroleras trasnacionales tanto en áreas marinas y submarinas como en relación a yacimientos de hidrocarburos que no han sido delimitados con Venezuela. Y es justamente en esa carrera para brindar la supuesta “seguridad jurídica” solicitada por los inversionistas, que Guyana dejó de lado los lazos históricos entre los países y demandó a Venezuela ante la CIJ, en inobservancia de los principios fundamentales del “Acuerdo de Ginebra”.

Venezuela fue objeto de una gran injusticia histórica y es una herida abierta en el corazón de la patria, por lo que para nosotros la reclamación tiene una importancia trascendental. Y como dice una vieja canción de la agrupación “Témpano”: “… Años de espera por un pedazo de tierra que desde que tenemos uso de razón su cara aparece en los mapas tras rejas, sin dueño, sin casa, y sin nación, … el Esequibo es mío, es tuyo, es tierra venezolana, el Esequibo es mío, es tuyo, es nuestro …”.

Abg. Rubén Darío Bolívar C.

bolivarrd@bofras.com

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