Desde la Luz del Corazón: Dolor y Sufrimiento no son sinónimos

El Caribe News/

–En el sufrimiento hay una sola razón: tu ego amenazado.

MIAMI. – Laura Elena Morales, B’ka, autora del libro “La Luz del Corazón”, señala que se nos ha hecho creer que, para crecer, hay que sufrir y llenar nuestra alma y corazón de sangrantes heridas porque la vida no es vida sin dolor ni miedo.

_En realidad, no es más que el triste juego de la víctima que nos encierra en un círculo vicioso, desempoderándonos y haciéndonos sentir totalmente impotentes, pero también irresponsables, pues no somos culpables de lo que nos sucede, sino que hemos sido víctimas de otros.

Estos son mecanismos de nuestro ego cuando se siente amenazado, y vemos cómo se sirve de su fiel asistente: la mente, para regodearnos en el dolor que ahora se convierte en sufrimiento. Esta es la diferencia entre dolor y sufrimiento; el primero, inclusive, es un mecanismo de defensa de nuestro cuerpo, mientras que el otro lo provoca la actitud que asumamos ante el dolor, sea físico o psicológico.

Por años, viví encerrada en lo que he llamado la cárcel del sufrir, hasta que llegó a mí “La Luz del Corazón”, a través de la sabiduría de mi propio corazón. Este libro lo he definido como un manual de automaestría en este tipo de emergencias espirituales, porque el sufrimiento no es más que eso, una emergencia del espíritu que, de alguna manera, trata de acallar al ego para decirte: “Escúchame, estás aquí para ser feliz, no para esto que te ha inventado tu ego”.

Laura Elena Morales

Y no se trata de que debes deshacerte de tu ego, matarlo, torturarlo, despreciarlo u odiarlo; para nada. Tan solo se trata de hacerte consciente de tu propia divinidad, y podrás convencer a tu ego de que está completamente a salvo y no tiene nada que sospechar, muchos menos temer, del corazón y la intuición.

Abriendo puertas

Este tiempo, este instante de realidad, es el momento preciso para despertar y darnos cuenta que no hay cárcel, que los barrotes y los muros, en realidad, no existen. Nadie nos pone límites, únicamente nosotros con nuestros miedos. Y ahí, frente a nosotros, están todas las puertas con las infinitas posibilidades, con todos tus sueños y deseos, allí mismo, a tu alcance; solo tienes que tomar la decisión de abrir esas puertas, tus puertas, sin temor, porque ninguna es un error; ninguna es despreciable, puesto que toda puerta, como toda experiencia, sea cual sea, es válida y puede ser muy valiosa. Todo depende de ti. Así, desde La Luz del Corazón, te invito a que abras las puertas y vivas, sin temor, lo que te ofrece la vida en cada uno de sus misterios.

En este punto, los maestros y guías de La Luz del Corazón me han señalado que, una vez abierta la puerta y haber vivido intensamente lo que ella te ofrece, ciérrala. “No detengas tu viaje en ninguna de las puertas; he allí el apego. Si te quedas en alguna de ellas, aun cuando sabes que debes continuar, negándote a seguir tu viaje, crearás tus propios sufrimientos. Nada ni nadie te obliga a detenerte, solo tú con tu carga de creencias y de juicios.”

Precisamente, lo que nos hace prisioneros del sufrimiento es todo ese sistema de creencias, juicios y prejuicios.

Como se señala en el libro, “el primer tipo de pensamiento a ser desechado disciplinadamente son los pensamientos críticos; en otras palabras, los juicios.

Cuando juzgas, limitas el conocimiento, cierras la experiencia y matas el potencial que el misterio de la vida tiene para ti a cada paso. Deja que la vida te sorprenda con todas sus maravillas.”

_En verdad te digo que, después de muchas vidas y de tanto sufrir, estoy aprendiendo que la vida en la Tierra se hizo para ser feliz. Es un camino de gozo y plenitud, no de dolores y, mucho menos, de sufrimientos, como lo hemos vivido desde el Ego.

“Toda experiencia contribuyó, contribuye y contribuirá al desarrollo de tu alma. No hay nada que temer, nunca lo ha habido; solo acepta esta verdad en tu corazón; acepta que todo es perfecto y trascenderás el patrón metal del karma”.

_Este patrón del karma lo reproducimos cada vez que creemos que alguien nos debe algo porque nos hizo daño. Nada más incierto. Nadie nos ha hecho nada; pero, a veces, se nos dificulta asimilar esta verdad y dejar a un lado este sistema de creencias.

Si logramos olvidar los cómo se hace, cómo se dice o cómo se actúa, descubriremos dos tesoros en nosotros: el primero, que todo cuanto vivimos lo hemos creado nosotros; porque, como hijos del creador, somos creadores; así que, si creamos toda nuestra realidad, también podemos cambiar cualquier circunstancia que no deseemos vivir. El segundo, no hay enemigos, nadie nos ha hecho nada y todos somos Uno con el Creador.

“Hazte consciente de que la realidad la creas y la recreas tú, constantemente, a cada paso y en cada instante, siempre en función de tu propósito. Cuando ignoras esto y creas a ciegas, crees que son las circunstancias las que te arrastran; pero cuando vislumbras tu propósito, entonces entiendes por qué haces y por qué dejas de hacer. A partir de allí serás consciente de tu inmenso poder y de tu maravilloso don. He aquí la magia de la vida”.

 Tal como se nos sugiere desde La Luz del Corazón.

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